Con la partida de Hugo Colombres, de 77 años, el foro perdió a un civilista maestro y a un obstinado divulgador de la obra de Fernando López de Zavalía, figura central de la escuela de Derecho Civil de Tucumán.
Colombres fue toda una "institución" en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán hasta mediados de la década pasada, cuando dejó la docencia. Tenía fama de profesor estricto, abnegado, polemista y solvente: durante décadas, sus clases fueron auténticas ceremonias de culto a los principios generales del Derecho Civil.
Paralelamente, Colombres desarrolló su carrera profesional en la Justicia Federal, a la que ingresó en 1956. En 1962, año en el que obtuvo el título de abogado, fue ascendido a secretario de la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán; en 1974, se hizo cargo de la Fiscalía de primera instancia, y luego fue designado defensor de Pobres, Incapaces y Ausentes. Se jubiló en 2000 como fiscal de Cámara, puesto que había ocupado desde 1976.
Colombres se casó con Ana Uriburu y juntos criaron cinco hijos. Hasta el final siguió las huellas de su admirado amigo López de Zavalía: falleció el mismo día que él, el 3 de enero, ocho años después.